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El fin de un paraiso

(2824)

LA PROTECCIÓN DEL ÁMBITO NATURAL COMO BASE DE DESSARROLLO SOSTENIBLE
-Solo la conciencia a escala natural, libre de megaproyectos nacionales y atendiencio la especificidad de cada lugar, puede obtener un resultado satisfactorio de desarrollo real y atención de las necesidades de sus población.

-Ya hemos comprobado lo que puede significar los planes de ámbito internacional en relación a las alternativas socioeconomicas y ambientales, a través de las experiencias que nos vienen de la mano de países, que por adelantados, ahora dan marcha atrás.

El sumarse a estas iniciativas internacionales, sin tener en cuenta la especificidad de cada lugar, su forma de desarrollo en relación a la riqueza raiz y la sobreexplotación de recursos naturales, no puede conducir al interés general de un país, como España, cuya variedad topográfica y geopolítica hace necesaria la relativización de la explotación en función de la personalidad de cada región.

Andalucía es esencialmente agrícola y ganadera, alcanzando la industria un nivel de desarrollo últimamente que desea equiparar valores al resto de la geografía nacional.

No obstante, el suelo manda y no podemos ni deberíamos sacar agua de donde no hay. Así como tampoco, implantar recursos nuevos, presuntamente alternativos, en detrimento del más común de los sentidos de explotación natural de la región.

El defecto, es acusable por defecto. Pero el exceso también lo es y a veces mucho más grave que el propio defecto, que cuando menos abre alternativas de desarrollo verosímiles y en el mejor de los casos, en consonancia con el entorno.

Almarchal, descansadero natural de ganado, ahora es grupo poblacional cada vez más identificado con su entorno y necesidad de desarrollo.

Pertenece esta pequeña localidad de Tarifa, a uno de esos núcleos, que por pequeños, en cuanto a su población relativa, siempre han sufrido la desatención de administraciones que, desde sus despachos, solo saben atender la proporción numérica de moradores en relación a la distribución de los bienes del estado, y no dar prioridad a lo que es una realidad: grupos de población desfavorecida e insertada en el olvido histórico.

Mientras el "paraiso" de su naturaleza, suplicando al cielo lluvia como fuente de riqueza, ahora suplica atención y una conducta correcta de políticos e inversores que parecen no tener en cuenta el enclave como potencia económica de futuro del municipio y de la zona: una de las más vírgines y escasas ya, que quedan en nuestro país.

A estas alturas no podemos confundirnos. Y hemos de ser conscientes de que las siglas - políticas - sí influyen en el desarrollo de una comunidad, región o país. La experiencia habla también de forma absolutamente reciente y contundente.

Estas siglas, en Andalucía, tienen un signo bien definido, ya largo en el tiempo y ahora se alude a él, para que en defensa de los más desfavorecidos, se atiendas necesidades de primer orden y nó, por el contrario, sea su "paraiso" el que se vea anegado de una industria eólica que axfisiaría su necesidad de desarrollo y esperanza de futuro.

Confiemos en que este paraiso no llegue a su fin y que las generaciones venideras, después del fruto del trabajo realizado por las presentes, pueden salir al sol de la mañana y seguir recreando sus pupilas en la luz gaditana. Esa luz que aún alumbra sus campos de una forma especial, tanto que su paisaje y riqueza natural sobresale por su propia personalidad.

Una ordenación, y criterio prudente en la distribución del territorio, es la única garantía de que no observar, una vez más, el fin de un paraiso.


PMADS.








Insertado por: Asociación Vecinos de Almarchal (23/02/2006)
Fuente/Autor: -JK. PMADS.
 

          


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