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La consternación

(2257)

HABLARÉ HOY DE LA CONSTERNACIÓN...
Y también en esta ocasión, al hablar también en primera persona, espero de ello efectos psicoterapéuticos.

Parto de la premisa de que consternación es aflicción, pesar, pesadumbre, abatimiento, tribulación, turbación. Un estado de ánimo que no llega a ser patológico porque su núcleo todavía va cargado del suficiente coraje como para arder en deseos vivos revolucionarios...

Si queda en eso, en deseos, es porque la pereza, la edad y la certeza del fracaso anulan la capacidad de movimientos y hasta de pensamientos, que provocan al propio tiempo una honda sensación de impotencia y hasta de desesperación aunque ésta la tengamos controlada.

Porque el consternado se está dando cuenta, dramáticamente, de que nada puede hacer para evitar las causas que la producen, salvo promover las sublevaciones que ha declinado, retirarse a un cenobio, recluirse en la Alpujarra... o acudir al Proyecto Hombre justo cuando el proyecto personal está a punto de realizarse y agotarse...

Pues bien, yo me siento consternado porque los responsables de la sociedad, tanto en el ámbito local, como nacional y no digamos mundial, no satisfacen en absoluto ninguna de mis más sencillas aspiraciones para el bienestar más ampliamente colectivo.

Me siento consternado, porque ni siquiera me acompañan en ella los amigos que voy perdiendo a pasos agigantados, apoltronados y resignados éstos por la marcha de los acontecimientos en la misma medida que a mí me exasperan.

Me siento consternado, viendo cómo actúan en general los gobiernos locales del partido único en los municipios, grandes o pequeños, donde mangonea; todos malamente regidos por charlatanes de pocos escrúpulos en muchas cosas, pero sobre todo en materia de medio ambiente y atacados por la fiebre constructora (mientras centenares de miles de pisos se enmohecen, vacíos); manipuladores que no dejan títere con cabeza, no dejan espacios mínimos para un tranquilo paseo, ni les preocupa que los ruidos ensordecedores acorten la vida de los habitantes.

Me siento consternado, por la deriva que lleva el mundo desde que una caterva de logreros y ventajistas decidió en 2001 conquistarlo; porque ese mismo monipodio no tiene en la cabeza otra cosa que su enriquecimiento personal y grupal, despreciando, degradando, prostituyendo a las generaciones siguientes y a la Naturaleza.

Me siento consterndo, por la tala, incendio y devastación de selvas enteras, muerte y extinción de especies animales y de plantas; por los incendios pasados y los inminentes, verano tras verano, de los bosques; porque el capitalismo feroz, abanderado por los capitalistas carroñeros, está convirtiendo a los mares y al planeta entero en un estercolero sideral...

Me siento consternado, por la progresiva escasez de lluvias y de agua potable y la merma paulatina de cosechas.

Me siento consternado, porque las consecuencias de todo estos viles y necios comportamientos de la generación actual que ordena y manda desde los gobiernos, desgraciadamente no las padeceremos nosotros, que somos quienes más las merecemos, sino mis nietos y los vuestros...

Lo que me consuela un poco es presentir que en tiempos tan agitados y extravagantes como éstos, hay muchas personas que aunque, para su bien, no se hayan dado cuenta plenamente todavía de la consternación que padecen, en el fondo se sienten tan consternadas como yo.

No creo que haya alguien que se atreva a rebatirme afirmando que no hay motivos de consternación. No obstante, si la hay y es porque conoce el remedio o la profilaxis frente de ella, le ruego encarecidamente que me lo comunique a la mayor brevedad. Pero, por favor, que la receta no sea la repulsiva recomendación de que "hay que ser optimistas": me la sé de memoria. Y os puedo asegurar que no funciona en absoluto... salvo que estemos decididos a pensar, como los tahúres que dominan al mundo, cada uno sólo en sí mismo.

Insertado por: Jaime Richart (03/04/2005)
Fuente/Autor: -Jaime Richart
 

          


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