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HABERMAS Y LA CONSTITUCIÓN EUROPEA
Lástima, Habermas tampoco está por la labor...

Habermas, en su artículo de hoy en El País "Cataclismo en Europa: ¿estímulo o paralización?" se extiende a lo largo de él en una prolija batería de reflexiones, que conduce a una sola: al “así, no”.

Es decir, no está por el Sí por razones añadidas a otras determinantes del No que conocemos sobradamente.

Su análisis va desde la afirmación de que los Estados Unidos de Europa no pueden existir porque no ven que haya un "pueblo europeo", hasta su sentencia final: “en la historia, los grandes cambios no acaecen sin actos simbólicos”.

En cambio los que decimos Sí al Proyecto europeo entendemos que la unificación requiere un altísimo grado de grandeza de miras en cada pueblo europeo por separado. Grandeza, aun en el caso de que los encargados de materializar la idea sean mezquinos; ya habrá ocasión de abrillantarla. Pero resulta que la “grandeza de miras” no es un rasgo que precisamente pertenezca a la naturaleza química de la masa. La grandeza de miras es una “virtud social” asociada a la actitud pacífica, pero sólo se da en individuos, estadistas o no, aisladamente considerados.

Enredarse en explicaciones, reflexiones, objeciones sobre un proyecto cuya ejecución se reduce a un acto de fe para muchos, nos muestra más una cierta elementalidad en quien prefiere seguir contando con el favor de las masas (y ello a posteriori, es decir, después del fracaso de la idea en el referendo en Francia), a hacer un análisis en profundidad, constructivo y ecléctico de la idea central de la Unión que entendemos propio de un filósofo social.

Pero los pensadores egregios que cuentan con abundantes reconocimientos no son hombres y mujeres muy distintos de los demás. Principalmente en las cuestiones políticas sobre las que, como en el caso del fútbol, todo el mundo entiende a rabiar. Y por eso, porque son como los demás, no pueden descuidar absolutamente su yo. Raro es que la va en sentido contrario aunque se trate de hitos o hechos tan controvertibles como éste de la Unión Europea. Pero al final será la Historia inmediata quien les juzgue. Para mí, Habermas carece de grandeza de miras que se basa necesariamente en abstracciones. Pues para alcanzarla o atisbarla, uno ha tenido que poner en uno de los dos platillos de la balanza la idea-fuerza, la idea-madre, y en el otro lo que uno considera, mal que les pese a muchos, menundencia, anécdota, picajosería, nadería al lado de aquéllas... .

Sólo estimo a los escritores afamados cuando van precisamente en contra de la corriente general. Como hacían los de siglos pasados frente al Poder jugándose a menudo la vida. Pero cuando un pensador, filósofo o como quiera que llamemos a una “inteligencia” oficial y profesional se pone al lado de la causa mayoritaria en un momento dado, malo. No llamaré a eso en este caso demagogia, pero tiene que ver con ella.

Por motivaciones de politiquería local y aun internacional. los Estados Unidos de Europa nunca podrán cuajar institucionalmente. Debiera explicitarlo Habermas.

Si la Unión política europea ha de depender de la aprobación ciudadana de los respectivos países, salvo en el caso de los desmembrados de la URSS, jamás texto alguno —debiera también saberlo y decirlo Habermas; no yo— satisfará lo suficiente a los pueblos viejos que componen el mosaico de 25 piezas para constituirse como tal.

Los Estados Unidos de Europa —que existen ya en lo económico, lo que no es poco y por eso no se comprende semejante resistencia a la unión política— hablan 25 idiomas diferentes, y, por historia, pensamiento, cultura, religión y laicismo tienen sensibilidades hartamente diferentes. ¿Cómo puede Jürgen Habermas haberse metido en este jardín y someter lo que es un proceso químico psicosomático colectivo o un trasunto antropológico, a un análisis social, económico y político no de masas sino de carácter psicológico individual? ¿Cómo puede descender al análisis de las combinaciones y de las particularidades de los Tratados previos, como el de Niza, para explicar por qué Europa, así, no ha de fraguar? ¿Cómo puede explicar con racionalidad lo que obedece al puro instinto, o lo enmascara (legítimamente por otra parte), del cuerpo sufraguista francés que ha dicho NO al Texto-Proyecto europeo. Y todo, para hacer luego inferencias como si el NO proviniera de individuos estancos y no constituídos en un cuerpo de cooptación? ¿Cómo puede haber caído en el método analítico empleado por los politólogos "democráticos" cuyas conclusiones se basan en estadísticas frías sobre las que son capaces de construir tratados enteros en un solo coloquio o en un solo artículo periodístico?

Cuando empecé a leer el artículo de Habermas creí que iba a entrar a saco en reflexiones medulares, y a señalar con la hondura del filósofo los puntos de unión, el interés o el desinterés que subyace a los 25 termiteros para convertirse en un solo termitero gigantesco. Pero cuál no habrá sido mi sorpresa cuando a lo largo de todo él me parecía estar leyendo el ya cansino argumentario que una lista de políticos, de periodistas y de "expertos" en NO se encargó, y se encarga, de divulgar y aun de reforzar.

No sé si se referirá a la toma del Palacio de Invierno, a la toma de la Bastilla o al pronunciamiento de Franco en Burgos cuando habla de que “en la historia, los grandes cambios no acaecen sin actos simbólicos”. Porque, en mi consideración, esos tres momentos, como cualquier otro “gran cambio”, sólo se han producido no en actos simbólicos, sino a través de revoluciones y de guerras; y en tiempos de paz, sólo por Decreto. Lo simbólico, el acto simbólico, ha venido siempre después. Ha venido, para refrendar el acto traumático en sí que fue...

Ningún precedente hay en la historia que sirva de referencia para constituirse, libremente y por aclamación, como parece buscarse, la Unión Europea política. Los Estados Unidos de América no sirven siquiera como pálido referente. La Constitución de Virginia la aprobó la última generación de invasores del Nuevo Mundo a lo largo de más de dos siglos, que tenían la misma procedencia, un idioma común y unos propósitos bien definidos basados en la sinergia de la colonización y la depredación inagotable. En absoluto puede servir aquella iniciativa, aquel relativamente fácil acuerdo masivo, para estos otros Estados Unidos de Europa...

Los Estados Unidos de Europa, si Europa no acaba convertida en una provincia del Imperio, sólo podrán constituirse no por actos simbólicos ni por consulta, sino por un acto fundacional "de fuerza legal" acordado por todos los gobiernos amparado en la unión económica ya existente y arduamente conseguida a lo largo de casi medio siglo.

Todo lo demás sobre este asunto se me antoja interminable logomaquia, juego de palabras, diversión de concilios que discuten apasionadamente, ofuscadamente, estúpidamente, si la luz del Monte Tabor fue creada o increada...

De todo esto, hablado ya hasta la sociedad en ésta y en otras webs, lo que más me decepciona de él es la debilidad de Habermas puesta al servicio de la resistencia mayoritaria francesa una vez consumada la decisión; símbolo, ésta sí, del interés por malograr la Unión política. Es decir, no es su No a “este Proyecto” implícito en todo su estudio en este artículo la causa de mi decepción. Es, que no se dé cuenta, o no quiera expresar una evidencia apriorística: que, por vía de referendos, no habrá nunca Proyecto ni texto capaz de contentar a todos...






>> Autor: Jaime Richart (09/06/2005)
>> Fuente: -Jaime Richart


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